lunes, 22 de septiembre de 2008

LLUVIA DE VERANO

 

El hombre se ha levantado temprano para escuchar el silencio de la mañana y el trino de algún pájaro dialogando amorosamente con su pareja.

Cuando ha mirado a través de la ventana, la luz  era difusa y apagada. No se veía ni un rayo de sol y todo parecía amortecido.

El hombre ha salido al jardín y la hierba mojada desprendía un olor a humedad. Estaba lloviendo con suaves y diminutas gotas y al hombre le ha parecido una bendición del cielo. Las finas perlas de lluvia salpicaban el suelo y el hombre ha decidido impregnarse de lluvia y caminado bajo ella recibiendo las gotas sobre su cuerpo como si fueran caricias.

Alguna gota juguetona ha caído sobre labios y el hombre la ha recibido como un beso. La ha cogido con su lengua y la ha bebido. Besos de lluvia, caricias caídas del cielo. Durante unos minutos ha estado expuesto a la lluvia hasta que ha notado su ropa mojada y una fría humedad sobre su piel.

De pronto a dejado de llover y las nubes se han abierto, dejando que ver un trozo azul de cielo. Por el retazo azul se ha colado el primer rayo de sol del día y el hombre lo ha recibido como una caricia sobre su cara mojada.

Poco a poco el sol ha ido secando la lluvia que el hombre llevaba sobre su cara. Mientras, la hierba seguía oliendo de una manera muy especial que al hombre le recordaba otros aromas que él llevaba guardados en el fondo de su corazón.

En su cara se ha dibujado una sonrisa llena de recuerdos y nostalgias.


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