viernes, 29 de febrero de 2008

29 de febrero y quiero que llueva

 

Hoy es 29 de febrero, una fecha sino menos, curiosa. Hay personas que celebran su cumpleaños después de haber estado cuatro años esperando. Yo no tengo ni esa suerte ni esa desgracia.

Acaba el mes más corto del año, un mes que se encuentra encuadrado en pleno invierno y que por capricho, supongo que del cambio climático, se ha parecido mucho a un mes primaveral. Donde yo vivo, en Catalunya, apenas han caído 20 litros de agua durante el mes. Los termómetros tampoco  se han molestado en bajar de temperaturas suaves y llevaderas. Algunas plantas se han olvidado del letargo invernal y aún siguen pensando que es el final del otoño. Pobres plantas, deben estar desorientadas. Qué lejos queda aquello de que por San Blas a la cigüeña verás y si no la vieres, año de nieves. Ya ni las cigüeñas migran, ni llega la nieve a las montañas, ni hay que tirar de abrigo para salir a la calle. Lo peor es que no solo pasa en Catalunya, sino que sucede en el resto de la península Ibérica. ¿Qué está sucediendo?

Mientras esto pasa, los políticos andan enfrascados en una campaña electoral. Hablan de economía, que está muy bien. Se acusan de mentirosos, que no es ninguna novedad. Prometen el paraíso, que ya sabemos que no tienen ni idea de dónde se encuentra. Y nos hacen sentir vergüenza ajena cuando se ponen melodramáticos diciendo que mejorarán la miseria de los más necesitados con ayudas, bajadas de impuestos y no sé que más falacias electorales. Sin embargo, poco dicen de cómo ayudar al planeta a superar la grave enfermedad en la que se encuentra sumido por la barbarie y la avaricia del progreso.

Sin embargo yo quiero que llueva y que los ríos bajen limpios y caudalosos y que los pantanos que hizo construir el ingrato dictador, manda huevos, rebosen llenos del más preciado líquido que necesitan las personas, el agua.

Son las diez de la noche y el cielo está limpio de nubes y en él, a través de la contaminación, se ven algunas estrellas. La gente, según los telediarios, se baña como si ya fuera verano en las playas del Mediterráneo. Mientras tanto, los políticos, ajenos a todo siguen hablando de un futuro esperanzador y más humano.

Tendría gracia que acabaran gobernando un país desértico.

Como decía el sabio jefe indio: Solo cuando no queda ningún árbol, el hombre se dará cuenta de que el dinero no se come. Si no era así, era algo parecido.

Es 29 de febrero y sigue sin llover y yo quiero que llueva. A ver si entre todos podemos hacer algo que no sea sacar a los santos de procesión por los campos. Felicidades a todos los que hoy cumplen después de cuatro años de espera, aunque siga sin llover.


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