Pintar
Al hombre le gusta captar la belleza de la naturaleza y pintarla en pequeños o grandes cuadros. Le gusta hacerlo con acuarelas porque piensa que es más espontáneo y más vivo. A veces, reproduce casi al pie de la letra, aunque como es algo trasgresor, no le importa cambiar los colores y los tonos y hacer interpretaciones más personales.
Cuando ve algún paisaje o algún árbol que le gusta, enseguida piensa cómo darle vida en algún cuadro. Si no puede hacerlo en vivo, hace una fotografía y a partir de ella lo pinta como si estuviera delante, sintiendo los colores y la luz del momento en que realizó la fotografía.
Cuando pinta le encanta usar toda la gama de colores de la paleta, pero siente predilección por el verde y el azul cuando pinta la naturaleza. También le impresionan los ocres de los campos de Castilla. El ocre es como la sangre de la tierra que el arado ha hecho fluir a la superficie como una herida luminosa.
En algunas ocasiones el hombre pinta abstracto y mezcla los colores en una fiesta de luz y libertad intentando producir sensaciones en quien lo contemple. Últimamente, cuando pinta, lo hace pensando en los ojos de quien lo vaya a mirar e intenta crear cuadros que emocionen y despierten la sensibilidad en un mundo marcado por lo material.
Le gustaría pintar para la luna en las noches cálidas de verano y sentir la caricia de su sonrisa cuando trabaja. También le gustaría pintar el viento de Levante que cada tarde le inunda de sensaciones nuevas y aromas de azahar, pero se ha de conformar con pintar la naturaleza tranquila y sensorial de sus campos de Castilla.
Cuando ve algún paisaje o algún árbol que le gusta, enseguida piensa cómo darle vida en algún cuadro. Si no puede hacerlo en vivo, hace una fotografía y a partir de ella lo pinta como si estuviera delante, sintiendo los colores y la luz del momento en que realizó la fotografía.
Cuando pinta le encanta usar toda la gama de colores de la paleta, pero siente predilección por el verde y el azul cuando pinta la naturaleza. También le impresionan los ocres de los campos de Castilla. El ocre es como la sangre de la tierra que el arado ha hecho fluir a la superficie como una herida luminosa.
En algunas ocasiones el hombre pinta abstracto y mezcla los colores en una fiesta de luz y libertad intentando producir sensaciones en quien lo contemple. Últimamente, cuando pinta, lo hace pensando en los ojos de quien lo vaya a mirar e intenta crear cuadros que emocionen y despierten la sensibilidad en un mundo marcado por lo material.
Le gustaría pintar para la luna en las noches cálidas de verano y sentir la caricia de su sonrisa cuando trabaja. También le gustaría pintar el viento de Levante que cada tarde le inunda de sensaciones nuevas y aromas de azahar, pero se ha de conformar con pintar la naturaleza tranquila y sensorial de sus campos de Castilla.

