jueves, 23 de febrero de 2006

El Fuego

El fuego tiene una magia especial. El hombre se puede pasar horas mirando como arde y contemplando extasiado las formas de la llamas. Hoy se ha despertado el día frío y desapacible. El hombre ha encendido fuego y ha dejado que su imaginación vague, mientras se deja acariciar por el suave calor del fuego ardiendo.
El hombre se imagina una tarde de otoño, cuando las hojas pintadas de amarillo y ocre recrean alfombras en el suelo del jardín y el viento caprichoso las va cambiando de forma y de lugar. Se imagina al lado del fuego, crepitando amistosamente, y él mirando por la ventana como la tarde se aleja tiritando de frío. Se imagina que le luna madrugadora en aquella tarde baja del cielo para hacerlo compañía y para calentarse sus manos heladas. Cuando entra por la ventana gris, el hombre le hace un sitio a su lado y juntos contemplan en silencio las llamas que juguetean caprichosas en el hogar. Pronto la luna tiene calor y se desprende de su abrigo de plata mostrando al hombre su belleza. Entonces, se recuesta sobre el pecho del hombre y cierra los ojos dejando que el calor inunde su cuerpo y acaricie sus sentidos. El hombre la contempla emocionado y no puede reprimir el impulso de acariciarla el pelo dorado con reflejos de cereza madura. Pasa su mano por su cara y su cabeza y siente los latidos de su corazón. La luna sigue con los ojos cerrados, pero en su cara de niña se le ha dibujado una sonrisa. El hombre decide darle un beso, como si el fuera el príncipe y ella, la bella durmiente. Cuando lo hace, la luna se desvanece entre sus labios y el hombre se despierta sobresaltado.
Todo había sido un sueño que el hombre había tenido al quedarse adormecido junto al fuego. Al hombre le hubiera gustado que hubiera sido realidad, pero se conforma con haber soñado. Cuando mira por la ventana, las sombras de la noche se han apoderado de la tierra, el cielo está lleno de estrellas tiritando de frío y hacía el sur se recorta la luna, grande y hermosa como una naranja. El hombre la mira y entonces ella desde su trono le envía un beso de plata que tiene el mismo aroma y sabor que él que le ha dado en sueños. El hombre se lo devuelve y piensa que tal vez no haya sido un sueño.

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