martes, 21 de febrero de 2006

La sexta hora en la escuela pública

Los políticos son unos personajes que en algunas ocasiones plantean propuestas que no tienen ni pies ni cabeza y en algunos casos hasta las ponen en práctica. En Cataluña la “consellera” de Educación se ha empecinado en pasar a la posteridad por ser la persona que implantó la sexta hora en la enseñanza pública, aduciendo razones, tan peregrinas y absurdas, como igualar el horario de la enseñanza concertada o privada y con ello mejorar la calidad de enseñanza y de paso, disminuir el fracaso escolar y enmendar problemas de hábitos y comportamientos, que posteriormente se hacen más notorios cuando los alumnos llegan a la enseñanza secundaria.
Seamos coherentes, la escuela concertada no pienso yo que persiguiera a la hora de implantar la sexta hora una mejora de los resultados de los alumnos, sino más bien una cortapisa diferencial y disuasoria a la hora de seleccionar el material humano que podía llegar a sus centros. Sabido es que ciertos pluses mensuales son difíciles de asumir cuando las economías van justas y las dificultades para llegar a final de mes cada vez son más grandes.
Además, todo el mundo, menos los auténticos interesados, opina sobre el asunto. Nadie ha preguntado a alumnos o maestros que piensan de la revolucionaria medida. Es más, en un alarde de altanería y prepotencia, la “consellera” dice que se impondrá con o sin el consenso con los sindicatos el próximo curso. ¿Ordeno y mando?
No hay que ser un lince para ver que con esta decisión, si es que se pone en práctica, los más perjudicados van a ser los alumnos y los maestros. Los alumnos que verán incrementado su horario de trabajo, estén o no en condiciones de ser capaces de rendir más, y los maestros que pasarán a ser profesores al estilo de los institutos pero con más horas de estancia en el centro y menor sueldo, amén de otros inconvenientes que no es necesario apuntar.
Creo que resultará difícil ejercer una labor tutorial eficaz y continuada con la futura dispersión de horarios y el inevitable paso de profesores por el aula. No hay que olvidar que son niños y que la imagen del tutor es el referente más importante que pueden tener.
Ahora bien, si de lo que se trata es de que los niños estén más horas en el centro, quitándoles a las familias el derecho a educar y disfrutar de la compañía de sus hijos, adelante, e incluso tengámosles más horas y hasta podríamos convertir la escuela en un internado. ¿Por qué no?
Seamos serios. Pienso que la solución no pasa por aumentar el horario escolar en horas lectivas de materias que no van a aportar nada nuevo ni positivo a no ser más cansancio en los alumnos, sino en racionalizar los contenidos a la capacidad de los alumnos y si se quiere alargar la jornada escolar, hacerlo con actividades formativas y lúdicas que puedan servir para mejorar actitudes y valores y no hastiar y aburrir a los alumnos.
En toda esta movida, a parte del agravio comparativo con el resto de profesionales maestros del estado, que en algunas comunidades ya han alcanzado el horario de jornada continuada, teniendo los alumnos las tardes para actividades más lúdicas y culturares de otra índole, lo único que veo de positivo es que se crearán unos cuantos puestos de trabajo más y que a los contribuyentes nos va a costar un plus, y esto no tiene nada de positivo, ya que habrá que indemnizar a la escuela concertada con unos cuantos millones de euros para que se avengan a aceptar el trato.
En definitiva, que la madre del cordero sigue siendo la oveja y, si realmente ésta va a ser la solución a los problemas de la escuela pública, ¿por qué se ha esperado tanto tiempo para ponerla en práctica?

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