viernes, 17 de febrero de 2006

La campana toca a muerto

La noticia ha recorrido el valle en pocos minutos. Los gritos de dolor de los seres queridos han sido los mensajeros del triste desenlace. Cuando el sol ardiente de la tarde más implacable era, algo se ha helado en el corazón del pueblo. Nadie lo anuncia de momento, pero todos lo saben. Parece que el miedo atenaza las gargantas. La gente de estas tierras es así de fría y silenciosa ante la muerte. Sirve un gesto o una mirada para expresar toda la tristeza y la amargura del momento. Sobran las palabras.
El hombre está triste y rabioso ante lo injusto y trágico de este final absurdo. En silencio escucha algún alarido de dolor desgarrado que le encoge el corazón, como si un espada le atravesase. El hombre piensa y de pronto quiere llorar y unas lágrimas resbalan por su cara.
De pronto tocan a muerto y el tañido seco de la campana se esparce por el valle confirmando la noticia que ya todos lamentan. Durante unos minutos solo se escucha el seco lamento del bronce en la tarde. Hasta los gritos de dolor se apagan.
El hombre deja de llorar y por un momento piensa que la campana está avisando a la gente que hay en el cielo para que abran la puerta a la muchacha que acaba de morir y le hagan un sitio a su lado desde el que pueda seguir sonriendo. El hombre no cree en lo que está pensando pero le consolaría enormemente que así fuera.
Cuando el toque de la campana cesa, le queda un vacío profundo, pero a la vez, la esperanza de que alma de la muchacha muerta ha llegado a algún cielo en el que reposará tranquila llenando la eternidad con su inmensa mirada y su sonrisa serena.

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